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Boxer es una continuación lógica del anterior trabajo de The National, Alligator. La dirección de la banda se marca clara, puliendo las canciones y más tranquilos y seguros con ese estilo propio, pero sin ningún giro extraño. Es lo que cualquiera podría haberse esperado escuchando la trayectoria de la banda americana. Y no por ello es un mal disco.

Su cuarto álbum es más grandilocuente que los predecesores y a la vez más calmado. Matt Berninger continua con ese estilo similar a Mark Knopfler o Brad Roberts, e incluso se puede notar semejanzas en la música con los grupos de ambos (Dire Straits y Crash Test Dummies), sean influencias reales o ficticias. De esta forma, The National firman doce canciones que mezclan de forma casi perfecta una música bonita y una violencia escondida, poniendo los pelos de punta en algunos momentos.

De igual manera, las letras del disco mejoran la poesía simplona (y, aunque lo parezca, no es una crítica negativa), con algunos versos como “we’re half-awake in a fake empire”, con esa calma al cantarlo, pero con esa fuerza enorme que conlleva.

Las primeras canciones del disco están dominadas por la batería y el bajo, con un pequeño preludio de piano al principio de Fake Empire, que deja paso a buenos ritmos, relegando las guitarras a un segundo plano, para recuperar el protagonismo a partir de Green Gloves, siendo el resto, salvo Apartment Story y Guest Room, canciones de guitarras y donde casi desaparece la batería.

Fake Empire es, sin ninguna duda, una de las mejores canciones de The National, y, junto a Guest Room, una de las dos mejores de Boxer. Sin embargo, Mistaken for Strangers y Apartment Story son los singles; quizá sean las dos canciones más potentes. De hecho, Mistaken for Strangers, la segunda pista del disco, es la que más carga emocional proyecta, tanto en la música como en la letra.

En algunas canciones de Boxer colaboran algunos artistas, como Sufjan Stevens (en Racing Like a Pro y Ada) o los coros de Marla Hansen. También hay más presencia de otros instrumentos que en los anteriores discos, principalmente el violín, pero esto no cambia el hecho de que este álbum es una evolución natural en su sonido.

De esta forma, The National ha creado un disco que gustará casi seguro a los que disfrutaron Alligator, pero con más madurez y cohesión que los anteriores, lo que podría enganchar a otros oyentes.

Fake Empire / Mistaken for Strangers

Rupo

Después de varios sustos y mensajes extraños, Jonny Greenwood ha anunciado ya que el nuevo disco, el séptimo, saldrá en formato digital (y por ahora parcialmente) el día 10 de octubre. Se llamará In Rainbows. Se podrá bajar, pagando lo que tú creas que cueste el disco, dentro de 9 días, aunque es difícil saber si el disco será un doble cd o el segundo cd que anuncian será sólo un disco de extras. Para el caso será lo mismo.

El 3 de diciembre empezará a distribuirse, sólo por Internet (y ya se puede pedir) un discbox con los dos cds y dos vinilos, además de fotos digitales, otras canciones inéditas en un tercer cd y un librillo, todo en una de esas cajas muy chulas. El precio será de 40 libras. Para el cd oficial, el que se puede comprar en tiendas, tendremos que esperar todavía más, aunque no se ha anunciado la fecha.

Estas son las canciones…

CD 1:

01. 15 Step

02. Bodysnatchers

03. Nude

04. Weird Fishes / Arpeggi

05. All I Need

06. Faust Arp

07. Reckoner

08. House of Cards

09. Jigsaw Falling Into Place (antes Open Pick)

10. Videotape

CD 2:

01. MK 1

02. Down Is the New Up

03. Go Slowly

04. MK 2

05. Last Flowers

06. Up On the Ladder

07. Bangers and Mash

08. 4 Minute Warning

Tendremos que esperar un poquito más para saber qué ha pasado con el resto de canciones que podían haber entrado en el disco, como Spooks o Burn the Witch, si simplemente han cambiado de nombre (como Open Pick) o si saldrán en los singles (si es que hay).

Por ahora Radiohead ha decidido no firmar con ningún sello, o eso parece indicar que sea W.a.s.t.e. quien distribuya su disco.

Hail to the Radiohead!

Desde su álbum debut, Rock It to the Moon, que vio la luz en 2001, Electrelane ha cambiado tanto internamente como en su música. En ninguno de los casos resulta un cambio importante, al menos no a un nivel superficial que sí sufren otros grupos y que se percibe nada más oír los discos. Ya no cantan en varios idiomas, como hicieron en el debut, y desde luego No Shouts, No Calls no es un disco instrumental como lo fue Axes o casi enteramente Rock It to the Moon.

Pero hay algo que sigue caracterizando a este grupo de chicas inglesas; su música sigue siendo simple, sin pretensiones, pero con una fuerza basada en la música de estupefacientes de finales de los ‘60 o grupos más modernos como Stereolab, con quien les han comparado hasta la saciedad.

Es una pena que la fuerza de Electrelane en directo no esté presenten de esa forma en sus discos de estudio, sin las locuras guitarrísticas de Mia Clarke, o las propias en los teclados de Verity Susman. Electrelane es uno de los grupos actuales más interesantes en vivo, pero en estudio no llegan a tanto.

No Shouts, No Calls tiene canciones buenas de verdad dentro de la música indie, como To the East, In Berlin o Between the Wolf and the Dog, y algunas más allá de ese género, como la canción que cierra el disco, The Lighthouse. Siguen mantiendo canciones instrumentales, como esta última, Five o Tram 21, pero la voz de Verity ha vuelto a coger el mando del disco, añadiendo más ambientación a las canciones; es lo que consigue su voz. Han añadido también curiosidades como el banjo de Cut and Run o el sample utilizado en Five, sacado de un partido de fútbol.

A cualquier fan de antemano de la banda, este último trabajo le gustará: es, hasta cierto punto, más de lo mismo, pero también tiene esa ayuda que puede servir para la entrada de nuevos fans: In Berlin o To the East son buenos enganches para comprar el CD o para ir a verlas en concierto, además de ser un buen recordatorio de que Electrelane no va mal encaminada; no empeora, y sí mejora, aunque tímidamente.

To the East  /  Cut and Run

Rupo

Aha Shake Heartbreak, el segundo disco de la familia Followill, consiguió mantener a Kings of Leon como una de las grandes bandas del rock actual. Tras ese respiro y con las expectativas más asentadas, la banda americana tuvo tiempo para presentar su tercer trabajo. Al igual que en los dos anteriores, el éxito ha sido mayor en el Reino Unido que en su propia casa, donde no han pasado del puesto 25 de las listas.

Because of the Times es su disco más relajado, con lo que se aprecia en mayor medida sus influencias del southern rock. De hecho, escuchar este disco recuerda, hasta cierto punto, a los discos de Lynyrd Skynyrd o ZZ Top, con la evolución musical que se ha vivido en estas décadas y con la influencia indie que también posee este grupo.

Canciones como Knocked Up, Camaro, Fans o Arizona son buenos ejemplos de que se puede seguir haciendo rock y que no suene polvoriento o, en su defecto, demasiado a heavy. Sigue presente el rock más duro en otras canciones como McFearless, Charmed y Black Thumbnail, y ya han avisado que van a seguir por ese camino, al menos en el próximo disco. Es una pena; la grandeza del disco está precisamente en las otras canciones, las más americanas tradicionales, o en las mezclas como On Call.

La voz de Caleb Followill sigue teniendo ese encanto especial, una voz con carisma propia que puede llegar a molestar a algunos, pero que si te gusta sólo puede encantarte. También en ella se ven más raíces de la música del sur de los Estados Unidos que escucharan los tres hermanos mientras viajaban con su padre, al igual que en los solos de Matthew o en la composición general de las canciones. En ese aspecto, Camaro es una de las mejores canciones de rock que se han escrito en estos últimos años.

Puede que Because of the Times sea un punto de inflexión dentro de la carrera de Kings of Leon, pero en él nos han dejado algunas de sus mejores canciones; Fans y On Call van a estar presentes en los set-list de sus conciertos durante muchos años. Les va a costar superar este disco.

Knocked Up  /  Fans

Rupo

La portada ya nos muestra qué diferencias notables tiene Some Loud Thunder respecto al primer disco de Clap Your Hands Say Yeah, de nombre homónimo. Tristeza, melancolía, miedo, inseguridad… Clap Your Hands Say Yeah fue un disco alegre, original y con una frescura que hacía falta en ese momento, al menos en el pop más indie. Casi tuvieron que obligarles a sacar el CD a la venta a gran escala, gracias al éxito que tuvo en Internet, y después de ese éxito masivo es normal que el segundo disco se presente con temor, y más si el líder de la banda es alguien tan extravagante como Alec Ounsworth.

Hay que dejar claro que Some Loud Thunder no es un mal disco, para nada. Es un gran disco, de hecho, con algunas canciones que deberían recordarse durante largo tiempo. Sin embargo, al haber puesto el listón tan alto, sobretodo por la personalidad que tenía el primer álbum, no es de extrañar las malas críticas que ha recibido.

Las dos primeras canciones, Some Loud Thunder y Emily Jean Stock, mantienen parte de ese júbilo que nos habían enseñado el grupo americano. Es extraño que Some Loud Thunder dé nombre a un disco tan tenebroso y oscuro, quizá un desacierto cuando lo pones por primera vez, pudiendo ser una continuación de Clap Your Hands Say Yeah, y dejándote cada vez más asustado, y eso si consigues meterte en esa primera escucha, que no es precisamente un disco fácil, al menos para quienes ya conocían el grupo. Emily Jean Stock es la más feliz de todo el disco, seguramente por estar inspirada en la mujer de Ounsworth, y en ese sentido es una de las mejores canciones de CYHSY.

Mama, Won’t You Keep Them Castles in the Air and Burning? nos enseña qué es realmente Some Loud Thunder y la profundidad y complejidad que llega a tener. Es el primero de esos finales extra-largos marca-de-la-casa. De lo mejorcito.

Love Song no. 7 nos lleva a un mundo parecido al de la película Pesadilla antes de Navidad, caótico y espiral, y llegados a este punto puede empezar a decepcionar el disco. Pero toca Satan Said Dance, canción que ya habíamos podido escuchar en su gira anterior y que ha conseguido conquistar tímidamente algunas pistas de baile. El nombre es perfecto; realmente parece que Satán te está diciendo que bailes de una manera desenfrenada, como si viniera el Infierno.

Nos encontramos con la única instrumental corta que aliñan, al menos por ahora, los discos de CYHSY, Upon Encountering the Crippled Elephant. Es una muestra más de la diferencia entre ambos discos; un acordeón melancólico a más no poder.

Queda mucho que descubrir en las cinco canciones que faltan por escuchar. Goodbye to the Mother & the Cover es la mejor canción del disco. Utilizando la misma idea que en Mama…, esta vez está mejor aprovechada. Quizá también es la letra más fácil de entender, al menos de una forma personal, sin saber qué quería decir realmente Ounsworth cuando la escribió, lo que ayuda a introducirte más en la música. Vemos, además, la influencia, querida o no, de bandas como The Cure en ambas canciones, y más adelante también.

Arm & Hammer es posiblemente el peor tema del disco. El principio nos llega a transportar a las baladas de la primera etapa de los Beatles, para dar después un salto temporal de casi una década en la música.

Yankee Go Home habría sido el mejor single gracias a su estribillo, fácil y dinámico, y una música más accesible para todos los públicos, y Underwater (You and Me), aunque no es una mala canción, está muy desaprovechada y metida con calzador en el listado de canciones.

Por último tenemos la verdadera esencia de Some Loud Thunder: Five Easy Pieces. Una lista de temores que ha podido tener Alec Ounsworth durante el paso del primer disco a éste, con una posible esperanza para futuros trabajos, y dejándonos una de las mejores canciones de CYHSY.

Pese a la injusticia de sus críticas, Some Loud Thunder ha sufrido la dificultad que tienen los segundos discos, donde tienes que arriesgarte para no copiarte a ti mismo y a la vez buscar un sonido propio. Clap Your Hands Say Yeah lo han conseguido, guste o no el disco, pero necesitan un tercer álbum para poder convencer de que no son un grupo de un sólo disco.

Goodbye to the Mother & the Cover / Yankee Go Home

Rupo

Esta banda americana, formada por miembros de los grupos Don Caballero, Helmet y Lynx, y con Tyondai Braxton para completar, han conseguido un éxito enorme para ser su primer disco, y más cuando Mirrored se presenta con tanta complejidad.

Pese a la modernidad del disco, que no puede pecar de clásico en ningún momento, Battles nos deleitan con algunos temas que recuerdan a la grandeza del rock progresivo durante esos primeros años ‘70, a grupos como King Crimson (como en Rainbow) o Yes (como en Bad Trails).

En cierto modo sus canciones son fórmulas ya vistas durante estos últimos años, inclusive en algunos de sus antiguos grupos, pero Mirrored tiene algo especial, algo incomprensible. Es futurista a más no poder, pero con la suerte de haber sido aceptado desde sus principios. No tendremos que esperar demasiado antes de que surjan nuevos grupos que beban de forma insaciable de la estela de Battles.

Race In nos prepara para el viaje, a un paso de los años vividos y los que nos toca vivir, que supone este disco. Ya en esta primera canción sentimos los extraños sonidos con los que repletan unos riffs casi incompletos, una batería intentando sacarle todo el partido a los ritmos más frenéticos e intrigantes y a unas melodías vocales utilizadas como puro instrumento, como si no tuviera nada que decir que no nos diga ya la música.

Atlas, su hit, su single, es seguramente la más accesible de todas las canciones; si hubiera tenido (más) letra se podría haber vendido de forma algo más masiva, pero no le hace falta a una canción que parece cantada por duendecillos malignos y que, durante su “estribillo”, nos recuerdan una serie de afirmaciones en las que van de la mano la genialidad que uno mismo pueda darles y la más completa locura, casi estupidez, esta vez sí con palabras humanas. Nos abandona la voz para darnos una serie de incorporaciones de guitarras y otros sonidos, uno tras otro, a los que les cuesta completarse, pero poco a poco lo consiguen. Uno de los momentos más memorables del disco.

Ddiamondd es mucho más frenética que sus dos predecesoras, una de esas canciones que no te permiten dejar de moverte, aunque no sea bailando, y nos presenta otra de las grandes canciones del disco, Tonto. Bajo este “interesante” nombre empieza un loop que va acelerándose para volver a dejarnos sin aliento con la música de Battles.

Así sigue y sigue y sigue Mirrored, sin darnos un sólo descanso, ninguna canción que sobre y nada que falte. Las más simples son lo suficientemente cortas como para no molestar, como Leyendecker. Los momentos más desquiciantes también los encontramos en pistas cortas, algo que, a veces, le fallaba a grupos del estilo como el ya mencionado King Crimson. Prismism y Snare Hanger serían incomprensibles en otro disco que no fuera éste. Rainbow y Bad Trails es una vuelta a la música progresiva, a sus necesidades y objetivos, pero sin perder de vista el avance que ha habido durante más de tres décadas desde entonces.

Battles promete con este primer disco que va a ser, si continúan, uno de los mejores grupos de esta década, aun con el poco tiempo que les queda, dejándonos ya una joya que debería estar en las estanterías de cualquier amante de la música, un disco que se despide con una obra casi orquestal, Race Out, para devolvernos al sonido que hemos disfrutado en las diez canciones anteriores, obligándonos a ponerlo una y otra vez en un loop infinito.

Atlas / Tonto

Rupo

Ya en agosto (un mes después de que el disco se pusiera a la venta), Carlos D., el bajista y teclista de la banda, nos avisaba de que veía Our Love to Admire como su OK Computer, y que esperaba que su cuarto LP pudiera ser su Kid A.

En muchos puntos no pueden ser comparados ambos terceros álbumes de las dos bandas, pero es cierto que tanto Interpol como Radiohead han estado o estuvieron practicando con un mismo concepto de sonido y canciones en sus primeros discos (en el caso de Interpol en los únicos que hemos oído). El resultado comparativo no importa mas que para discusiones de café y cigarrillos, así que olvidemos a los británicos por el momento.

Viendo la evolución de Interpol desde Turn on the Bright Lights hasta el disco que nos ocupa, pasando por Antics, se nota esa madurez que todos los grupos deberían tener, en una medida u otra. Sin embargo, no han olvidado su sonido en ningún momento. Lo han agrandado, llenado, dejando de lado esa nitidez que estaba presente en las canciones de los dos anteriores discos, salvo en algunas canciones como NYC, volviéndose, hasta cierto punto, más ambientales. No parece que le hayan conseguido sacar el partido que una banda como Interpol podría lograr, y han continuado con los mismos trucos que usan desde el principio; unas guitarras rápidas, la tendencia en la voz de Paul Banks, primeros segundos de las canciones casi clónicos y la misma estructura en casi cada pista.

Agrupando todo lo que ya nos han demostrado Interpol que pueden hacer, Our Love to Admire suena casi monótono en todos los instrumentos. Pero nadie ha dicho que sea un disco fácil; hay que sacarle el partido que sí tiene. Pioneer to the Falls, la canción que abre el disco, continúa la (pequeña) tradición de primeras grandes canciones en cada disco, al igual que Untitled y Next Exit. No I in Threesome tiene momentos realmente grandes que seguro que saben aprovechar en los directos, pero aparte del buen sabor que deja tras de sí no resulta nada especial; es sólo la segunda pista.

Scale ya resulta un problema. Ya vemos demasiada igualdad entre las canciones, y más entre los discos. Heinrich Manuever logra levantarnos un poco. Una marchosa canción que recuerda a los grandes discos de R.E.M. y más luminosa que las que dejamos atrás. Pero entonces llega Mammoth. No es mala canción, pero recalca el mayor error que tiene el disco: el orden de las canciones. No I in Threesome y Scale no deberían ir seguidas. Heinrich Manuever y Mammoth no deberían ir seguidas. Wrecking Ball y Lighthouse no deberían ir seguidas. Lo que consigue ese orden es canciones casi clónicas o demasiado largas, reforzando el sonido, que ha sido producido como constante cuando podría haberse sacado más juego. Y eso lleva al tedio del oyente y a convertirlo en un disco de singles, para oír una canción de vez en cuando.

Pero no está todo perdido. Pace Is the Trick, casi una balada, sí tiene la fuerza suficiente como para captar nuestra atención. All Fire Up propone un riff distinto al principio, aunque continúa siendo lo mismo en cuanto a estructura. Rest My Chemistry es, para mí, la mejor canción del disco, al menos en cuanto a concepto de canción pop. Menos pesada que las demás y con una melodía de voz fácilmente cantable y un estribillo sencillo. Parece peyorativo, pero no lo es.

Who Do You Think? asusta pareciendo, en las primeras notas, otra semi-balada, pero en seguida vuelve el sonido más común de Interpol. No es nada del otro mundo, pero las anteriores canciones consiguen dejar un buen sabor de boca. Además, consigue separar más Wrecking Ball de la primera parte del disco.

Our Love to Admire termina con una de las canciones más interesantes de Interpol: Lighthouse. La guitarra y la voz como principales dejando el resto de instrumentos como algo meramente testimonial, parece esa típica canción escondida que nos sorprenden en algunos LPs.

A cualquier fan de Interpol le encantará el disco, que sin ser una obra de arte y con algunos fallos que se podrían haber solventado, deja entrever un buen futuro de esta banda americana.

Pioneer to the Falls / Rest My Chemistry

Rupo

Con este disco, uno de los mejores que abrían el año, Do Make Say Think devuelven, aunque sea fugazmente, el post-rock al panorama actual. No es que el género haya muerto; sólo esperaba a que los grandes volvieran, y con la necesidad de alguna nueva banda que aporte a este estilo lo que DMST y otros consiguen.

Aun con los parecidos musicales de la banda canadiense con otros como Tortoisse, DMST han logrado, a lo largo de sus cinco LPs, conformar su propio estilo, y este You, You’re a History in Rust, es la mejor muestra de ello. Como un compendio de sus propios álbumes, su quinto disco bebe de sus anteriores trabajos. No es de extrañar que tenga parecidos con su anterior Winter Hymn Country Hymn Secret Hymn, pero más allá de eso acaba utilizando recursos que veíamos en su primer disco, Do Make Say Think, o en su obra maestra Goodbye Enemy Airship the Landlord Is Dead. Pero no es un disco pseudo-recopilatorio, sino una evolución de todo ello. La grandeza que tenía Goodbye está pulida aquí; la inocencia del primer álbum se convierte en auténtica genialidad, y los vacíos de Hymn, donde faltaba una coherencia total al disco, un algo que uniera todas las canciones entre dos de las mejores del grupo (Fredericia y Hooray! Hooray! Hooray!), no es precisamente una falla en este nuevo trabajo.

El disco es casi perfecto de principio a fin, y digo casi porque The Universe!, quizá la más popular, está insertada de forma obligada, y no natural. Puede que este universo con signo de exclamación nos maraville en directo, pero su grabación de estudio no deja de ser el típico ejercicio que vemos en casi cualquier disco de post-rock.

Una de las novedades de DMST que vemos en You, You’re a History in Rust, son las dos canciones cantadas del disco, A With Living e In Mind. Por primera vez el grupo nos enseña cómo sería su música con voz, y continúa siendo alucinante. A With Living podría ser un perfecto single que catapultara la banda de no ser por el final, como si se obligaran a que no fuera una canción normal, que nos deja casi cinco minutos de calmadas melodías. Se podría editar, pero es uno de los mejores finales (si es que es un final; ocupa la mitad de la canción) de todo su repertorio.

In Mind, el cierre del disco, es, en parte, lo contrario, con una primera parte instrumental, acaba con la fuerza que ha guardado todo el disco detrás de ella, y con una voz perfecta plagada de ruido (ruido como música, claro), y un casi poema perfecto:

” when you die
you have to leave them behind
you should keep that in mind
and when you keep that in mind
you’ll find
a love as big as the sky”

Despiden así un disco lleno de colaboraciones, por ejemplo en sus voces principales (Tony Dekker, Alex Lukashevsky y la Akron/Family al completo, con quienes algunos miembros de DMST habían colaborado previamente).

Al igual que en Winter Hymn Country Hymn Secret Hymn, las mejores pistas del disco son la apertura y el cierre. Bound to Be That Way consigue maravillarte desde sus primeras notas, y cuando se despide la adoras. Pero, como ya he dicho, no son sólo esas canciones; son (casi) todas. La felicidad que irradia A Tender History in Rust, en sus carcajadas, silbidos y guitarras, la grandeza de You, You’re Awesome, o la fuerza de Executioner Blues.

You, You’re a History in Rust es otro de los mejores candidatos a ser disco del año, y seguramente el mejor disco de post-rock de los últimos dos años.

Bound to Be That Way / In Mind

Rupo

    Aunque han pasado ya varios meses, no puedo resistirme a comentar este festival. Es obvio que un festival, sobretodo en uno que sea más de un día, es distinto para cada persona. El mío fue, en principio, un intento de conocer nuevos grupos, o al menos conocerlos más. Lo único que me interesaba del cartel, que realmente me interesaba, era Arcade Fire y LCD Soundsystem, y por lo demás pocos nombres conocidos y pocos que me interesaran lo suficiente. Pero ya que iba a ir, había que aprovecharlo.

El primer día, que se pintaba bastante soso, no fue tampoco muy espectacular. Me perdí a los grupos que tocaron pronto (una pena, porque algunos me apetecía escucharlos, al menos por su nombre), y llegué justo para oír una canción de Jarvis Cocker, que me hizo huir a la terminal donde tocaba DJ Shadow, al que conocía más por nombre que por su música. Fue un gran cambió. DJ Shadow fue, para mí, el mejor DJ de todo el festival, y me enamoró cuando sonó Rabbit In Your Headlights.

Al terminar me pasé por el concierto de Jesus And Mary Chain, algo aburridos, y volví a la terminal donde se había escondido Jarvis para descubrir a The Gossip. Todavía no entiendo cómo puede gustar ese grupo a nadie. Pero gracias a su grotesca actuación y a la rápida retirada de la carpa, pude conocer una de las sorpresas más gratas del Summercase: Electrelane. Seguramente no sean el mejor grupo de la historia, y sus discos no son ninguna maravilla (tampoco malos), pero en directo son increíbles esas cuatro chicas. Los dos solos que me dio tiempo a escuchar de Mia Clarke llenaron la carpa de una atmósfera sicodélica propia de la Velvet Underground, y Verity Susman, Emma Gaze y Ros Murray lo hicieron de forma magistral.

Ni Air ni OMD me convencieron en sus respectivos directos y, salvo por las dos canciones que vi de cada uno, era el momento perfecto para descansar.

El poco tiempo que quedaba al concierto de Ratatat no estuvo nada mal. No me maravillaron, pero sonaban bien. Tampoco puedo decir que conozca al grupo en exceso con las cinco canciones o así que dio tiempo a oír, y estaba pensando más en !!!, que tenía curiosidad por verles en directo. !!! no es de lo que más me atrae, me parece mal producido casi todo, de hecho, pero quizá en directo eso cambiaba… Y cambió. Aunque Nic Offer agotó su carisma en la primera canción, la música resultó bastante mejor que cuando sale del CD. Y aun así no aguanté todo el concierto, por culpa del público que tenía cerca de mí. Insoportables…

No hubo tiempo para mucho más ese primer día, salvo los míticos Chemical Brothers, que no son santo de mi devoción, pero siempre están bien. Buen concierto según muchos de sus fans; nada realmente destacable según mi opinión.

El segundo día era el que esperaba. Por fin vería a Arcade Fire y a LCD, y además quedaba tiempo para nuevos grupos. De los que no había oído casi nada, están en una mano Editors, horribles en directo (más que en estudio), quienes dieron un concierto que parecía la misma canción repetida una y otra vez, y en la otra mano Phoenix, algo sosos en estudio, pero que en vivo, gracias sobretodo a Thomas Mars, ganan muchísimo. Uno de los conciertos más divertidos de esos dos días.

Entre ambos me dio tiempo a ver algo de Sr. Chinarro, que siempre es gracioso, y PJ Harvey, una de las mujeres más increíbles en la escena musical. Pero no era lo que buscaba ese día, y después del concierto de Phoenix esperé cuarenta minutos para conseguir un sitio en primera fila para disfrutar de Arcade Fire. Durante la espera pude oír tímidamente el concierto paralelo de Flaming Lips, pero sin saber qué sensación me habría causado estando ahí.

Arcade Fire empezaron con un sermón religioso en una de las pequeñas pantallas que habían colocado por el escenario, para romper con los acordes de Keep The Car Running, y con la consecuente exaltación de todos nosotros. Saludos y la brutalidad de No Cars Go para continuar. La primera mitad del concierto, perfectamente llevado, estaba dedicado al último disco, Neon Bible, dejando las míticas canciones del Funeral para el final, y dejando aun más para el final, después de una pequeña salida del escenario, Wake Up. Si no fue el mejor concierto del festival poco les faltó; todos ellos lo hicieron estupendamente, Win cantó mejor que en la gira anterior, y Régine, de la que estoy perdidamente enamorado, me enamoró aun más a pocos metros de mí. Esa segunda parte, la del Funeral, estaba mejorada con la pareja de vientos que llevaban en la gira, dándole más fuerza a canciones como Tunnels, Power Out, Haiti o Rebellion. Y las del Neon Bible… poco hay que decir. Ya eran perfectas, y en directo siguen siéndolo. Con My Body Is A Cage se me pusieron los pelos de punta, y Antichrist Television Blues, Intervention, Black Mirror o la misma Neon Bible remataron el concierto.

Después del concierto tocaba la obligada pausa para comer, y rápidamente a esperar, de nuevo para conseguir un sitio en primera fila, a que saliera James Murphy con su banda. Además me servía para no aguantar a Bloc Party.

No recuerdo bien el setlist de LCD Soundsystem. Recuerdo que a mi lado había una chica que parecía en trance por la música. Eso mismo me pasó a mí. Yo, que nunca antes había bailado, a partir de ese concierto no puedo dejar de hacerlo. Recuerdo también Tribulations, Yeah, Daft Punk Is Playing At My House, Get Innocuous!, North American Scum, Time To Get Away y All My Friends, y sé que me dejo algunas. Recuerdo lo bien que lo hicieron todos, y lo flipante que es ver a Pat Mahoney en la batería, o lo erótica que resulta Nancy Whang en el escenario. Después de una salida casi obligada, tocaron, como última canción, una impresionante New York I Love You But You’re Bringing Me Down.

Después de LCD quedaba ya poco que ver. 2manydjs, que no me impresionaron demasiado, y el final de un Summercase ‘07, que, pese a los pocos grupos que realmente me gustaron, fue alucinante.

En comparación al anterior, el ‘06, este Summercase tuvo unos cuantos defectos para mí, principalmente la cantidad de gente que acudió. Entiendo que a los realizadores del festival les encante que vaya más gente, pero prefería la poca gente (relativamente) que fuimos al primero, sobretodo porque para ver a Massive Attack y a Primal Scream en primera fila sólo tuve que esperar quince minutos en los escenarios.

Desde luego, el año que viene vuelvo.

Rupo

Aún sin acabar el año, y con unas buenas promesas de grandes discos en lo poco que queda, el nuevo disco de Animal Collective se presenta como un gran candidato a uno de los mejores discos del 2007.

 

Este trabajo, el octavo de la banda, es un orgasmo en la voz de Avey Tare. Y no es que el resto del disco sea mediocre, o que la voz de Panda Bear no destaque también (se sale, por ejemplo, en Chorus), sino que el propio Avey se mitifica a sí mismo, sobretodo en la primera parte del disco, donde se desgarra y se supera para darnos esas melodías tan monstruosamente caóticas. Una maravilla del siglo XXI.

 

Pero no es sólo eso lo que tiene Strawberry Jam. El disco juega con un equilibrio perfecto entre estructuras clásicas en la música pop y una arriesgada experimentación, como si el grupo se hubiera convertido en unos niños pequeños. En cierto sentido no es un disco muy complejo, sino más bien simple (y no uso simple de forma peyorativa), pero a la vez crean unos universos sonoros que sólo la mente de unos niños podría crear. Y, ¿quién si no Animal Collective podría usar tan bien esos sonidos de animales robóticos, esas gaviotas digitales que sobrevuelan Fireworks o el tecno-águila de #1?

 

Aunque la primera mitad del disco, sobretodo con las dos canciones que más han calado en la crítica, For Reverend Green y Fireworks, es relativamente fácil de vender, a partir de #1 se convierte en pura imaginación. Desde el cuento de cuna (siempre algo pervertido por su despiadada composición) que es Cuckoo Cuckoo, el relato antiguo que conforma Derek, como sacado de las leyendas de una antigua tribu humana, la oda a la alegría de Winter Wonder Land o los primeros sonidos de sintetizadores de #1, que te transportan a la visión futurista de los videojuegos de finales de los años ‘80; una visión del futuro un tanto melancólica.

 

No quiero decir que la primera mitad del disco no esté a la altura, o que no sea tan buena. Peacebone es una de las mejores primeras pistas de cualquier disco. Una bofetada para que sepas que estás oyendo Animal Collective y no algún disco que puedas ignorar. Esa combinación entre desorden y repetición acaba explotando con los gritos de Avey, una pausa controlada con Unsolved Mysteries (con un final soberbio) y de nuevo el frenetismo con Chores. Cuando Panda Bear canta más de treinta veces “if I” de esa forma ya no hay forma de pensar que Strawberry Jam es un disco normal.

 

Queda, obviamente, hueco para esas dos canciones ya mencionadas, For Reverend Green y Fireworks, que a mí personalmente me han impresionado menos, pero que no dejan de ser obras imprescindibles en la música de esta década, y donde Avey se luce especialmente.

 

Strawberry Jam es un disco obligatorio, aunque sea para odiarlo, con el que Animal Collective demuestra que es uno de los grupos que más rápida y directamente se dirigen al futuro de la música. Además, es uno de esos LPs que nos enseñan que no hace falta hacer un disco convencional para ser perfectamente escuchable, y que la experimentación no significa hacer un disco inaudible.

 

Peacebone / For Reverend Green

 

Rupo